lunes ¤ 26 ¤ febrero ¤ 2001

Iván Restrepo

Crueldad extrema contra los delfines

Algunos funcionarios con mucha frecuencia califican de "amarillistas" a quienes denuncian la forma en que son tratados los animales que se encuentran en sitios de exhibición. Los dueños de esos negocios alegan que contribuyen a la educación ambiental de la población y que esa fauna silvestre se encuentra tan feliz como en los ecosistemas naturales de los que fue sustraída. No es cierto.

El grupo Conservación de Mamíferos Marinos de México revela el verdadero rostro de quienes lucran con diversas especies animales, gracias a las imágenes de un video donde se muestra el maltrato que sufrió Luna, una delfina nariz de botella de ocho años de edad con más de dos metros de longitud.

Luna fue capturada junto con tres machos y cuatro hembras en Bahía Magdalena, Baja California Sur, por la empresa Fins: Dolphin Learning Center, dirigida por el doctor Javier Enríquez. Los ocho ejemplares fueron trasladados por tierra en un tráiler hasta el "delfinario" de dicha negociación, a cuatro kilómetros de La Paz.

Los delfines viajaron metidos en cajones con muy poca o nada de agua y sin los cuidados mínimos requeridos en estos casos.

Los cajones fueron abiertos a martillazos. Luego, llevaron durante más de 20 minutos a cada uno de estos sensibles animales en una especie de camilla de tela sostenida por varios hombres. No cuidaron que descansaran sobre sus vientres, sino sobre sus costados, afectando sus aletas laterales. Uno de ellos, desesperado, intentó varias veces morder a uno de sus torturadores. Acertó una vez, pero eso provocó que el hombre soltara la tela y el delfín fuera a dar a tierra. Cayó otras tres veces.

Pero si el traslado fue un martirio, nada bueno esperaba a los delfines capturados en la majestuosa bahía Magdalena: el "delfinario" está en la zona marítima federal, a pocos metros de la carretera La Paz-Pichilingue, y no reúne ninguna de las condiciones que se exigen para dichos sitios. Tampoco cuenta con los servicios de un médico veterinario.

Se trata de auténticas celdas de castigo con una profundidad máxima de dos metros, cuatro o cinco de ancho y de 20 a 30 metros de largo. Además, estos inmensos animales se hallan expuestos a que la gente les arroje objetos y a recibir las aguas negras que el hotel La Concha Beach Resort, con intereses en el "delfinario", descarga en el litoral. Los delfines, muy sensibles al ruido, soportan el que ocasiona el tránsito vehicular de la costa, los motores de las lanchas que merodean las celdas de castigo y los elevados decibeles de una disco cercana.

Luna, al igual que sus compañeros, sufrió tanto en su captura, traslado y cautiverio, que se negó a comer y tuvieron que darle alimento líquido a fuerza, a través de una sonda que le llegaba hasta las vías digestivas.

Ella estaba acostumbrada a obtener su alimento (peces vivos) en grupos familiares. Para alimentarla la sacaron de mala manera hasta una plataforma improvisada.

Los delfines en cautiverio viven muy pocos años, su tasa de mortalidad es elevada y en muy buena parte se debe al shock y trauma de su captura y al ambiente donde viven con estrés y hambre permanentes. A cambio de alimento deben realizar diversas actividades. Entre ellas, una de falsa educación: nadar con niños y adultos que pagan por ello.

Luna murió un mes después de su captura. La sobrevive un delfín de dos años de edad. Sin los cuidados maternos, difícilmente sobrevivirá en cautiverio, pues las crías son muy dependientes de la madre.

A nombre del grupo Conservación de Mamíferos Marinos de México, la doctora Yolanda Alaniz Pasini acaba de formular ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente denuncia pública en contra de Fins: Dolphin Learning Center y su "entrenador", Javier Ahedo; el hotel La Concha Beach Resort, y demás personas o empresas que resulten responsables de infligir a los delfines actos de extrema crueldad.

Alaniz también pide se investigue la captura de esos ejemplares, el funcionamiento de la empresa citada y su clausura definitiva. El citado Ahedo, quien capturó y trasladó los delfines desde Bahía Magdalena a La Paz y los cuida aquí, fue antes "entrenador" en Xcaret (el "paraíso sagrado de la naturaleza") y en Xel-Ha, ambos prósperos negocios ubicados en la costa de Quintana Roo.

El pasado 5 de febrero denuncié aquí irregularidades en otros "delfinarios" de Cancún e Isla Mujeres. Me quedé corto luego de ver el video referido. Reafirmo que en todo esto hay una enorme complicidad y corrupción de las autoridades responsables de velar por la salud de la fauna silvestre. ¿Hasta cuándo?


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